Por: Ing. Agr. Leonardo Vique.
Introducción
El manejo de cotorra en los
cultivos de Uruguay y la región se ha convertido en un tema crítico para los
agricultores. Esta ave, a menudo considerada una plaga, ha generado una
preocupación considerable debido a los daños que causa en diversos cultivos y
frutales. En este sentido, me gustaría compartir mi perspectiva sobre el Manejo
Integrado de Plagas (MIP) como herramienta para abordar esta problemática. A
pesar de ser una especie declarada plaga, es fundamental entender que, para un
manejo efectivo, es necesario implementar una combinación de estrategias que
incluyan métodos no letales y letales (como última alternativa), al mismo
tiempo que se conservan los elementos del medio ambiente.
La Cotorra como Plaga
La cotorra común (Myiopsitta
monachus), junto con otras aves, es vista como un problema por los productores,
pero esta percepción no siempre se basa en datos empíricos confiables sobre los
daños ocasionados. Las bandadas de cotorra son conspicuas y ruidosas, lo que
provoca que su presencia y los daños que generan sean muy evidentes,
especialmente en los bordes de los cultivos y plantaciones frutales. Esta
visibilidad puede llevar a la extrapolación de los problemas observados en las
periferias al resto de la producción, resultando en una sobreestimación del
impacto real.
Es vital, por lo tanto, realizar
un análisis minucioso de la situación para determinar si realmente las cotorras
afectan significativamente la producción. Las pérdidas por otras causas pueden
influir en la percepción del impacto de las aves.
Manejo Integrado de Plagas
(MIP)
El MIP se presenta como una
alternativa sostenible para tratar el manejo de cotorra y otras aves plaga.
Este enfoque se centra en minimizar la población de plagas a niveles
tolerables, respetando la dinámica del ecosistema. A continuación, destaco
algunos de los objetivos del MIP y su aplicación en el manejo de cotorra:
1. Reducción del Estado de
Plaga:
El MIP no busca la erradicación total de las
cotorras, sino su control en un nivel que no genere pérdidas significativas
para los productores. Estrategias como la repelencia y la reducción de las
tasas reproductivas son métodos que pueden integrarse.
2. Mantenimiento de Niveles
Tolerables:
Es fundamental aceptar que algunas especies pudieran coexistir con los
cultivos a niveles que no sean perjudiciales desde un punto de vista económico.
Esto implica aprender a convivir con la presencia de cotorras en el ecosistema
agrícola.
3. Conservación de la Calidad
Ambiental:
La implementación del MIP incluye la atención a la calidad ambiental.
Cualquier método debe ser evaluado en términos de su impacto ecológico. La
degradación del medio ambiente no puede ser un objetivo aceptable en el control
de plagas.
Componentes del Programa MIP
para Cotorra
Al establecer un programa de MIP
enfocado en las cotorras, se deben considerar varios componentes:
Identificación de la Especie: Una identificación precisa de las cotorras versus otras aves es esencial para diseñar estrategias de manejo adecuadas. Las diferencias en comportamiento alimenticio y hábitos de anidación pueden ofrecer alternativas de control más efectivas.
- Colecta de Datos Ecológicos: La recolección y análisis de datos sobre patrones de alimentación, distribución temporal y densidad poblacional es crucial. Esto permitirá entender mejor la interacción de las cotorras con los cultivos y formular respuestas adecuadas.
Monitoreo y Evaluación: Implementar un sistema de monitoreo efectivo es vital para evaluar el impacto de las estrategias adoptadas y ajustar las acciones de manejo según sea necesario.
Estrategias de Control:
Métodos Letales y No Letales
Es importante resaltar que el MIP
permite la inclusión de métodos letales, como parte del espectro de
herramientas de control. Esto puede incluir el uso de trampas y caza controlada
cuando los umbrales de daño han sido superados. Sin embargo, el enfoque debe
priorizar el uso de métodos no letales, que pueden incluir repelentes,
disuasivos visuales y cambios en el hábitat.
Los métodos no letales son
esenciales para la sostenibilidad a largo plazo de la avifauna y del ecosistema
agrícola, y su uso debe ser intensificado. Así, herramientas como la
manipulación del hábitat, la plantación de cultivos trampa y la implementación
de barreras físicas deben formar parte de la estrategia.
Conclusión
El manejo de la cotorra en
cultivos en Uruguay y la región requiere un enfoque integral que combine
métodos letales y no letales, en el marco del MIP. Este enfoque no solo se
concentra en los resultados económicos, sino que también considera la salud del
ecosistema y promueve prácticas sostenibles.
Mientras el MIP no debería ser
considerado como una panacea que resuelva todos los problemas, tiene el
potencial para facilitar un manejo más consciente y equilibrado de las plagas
avícolas, como la cotorra. Al final del día, es fundamental que, como
productores y gestores del agroecosistema, avancemos hacia estrategias que
respeten el entorno natural y que cumplan con un objetivo de producción
responsable y económicamente viable.
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